Capítulos Vida Digital

Capítulo 7

Ante esta revolución digital que estamos sufriendo, necesitamos de comunicar, tanto a nivel personal como desde la propia institución. Las marcas se humanizan, se acercan al consumidor final, pero necesitan de contenido para ello. Cualquiera de nosotros ha pasado a ser un activo de la comunicación online, dado que un elevado porcentaje de personas en el planeta ya dispone, como mínimo, de un dispositivo mobile. Las empresas, siguiendo este fenómeno, están potenciando el branding journalism o periodismo de marca. Cualquier compañía debe generar contenido de calidad para comunicar a su target.

Esta es una gran oportunidad para los periodistas, pero no sólo para ellos, sino para otros muchos apasionados de la comunicación que están sin trabajo. Sin ir más lejos, con esta ola digital han nacido nuevas profesiones como las populares “Community Manager” o “Social Media Manager”. También han aparecido nuevos puestos de trabajo para consultores en SEO y SEM, e-Commerce specialist o social media strategist, desarrolladores de apps, entre muchas otras, y las que quedan por aparecer…

No obstante, al ritmo que crecen las redes sociales y la importancia que están cobrando en cualquier modelo de negocio, acabaremos teniendo en nuestra empresa un Director de Facebook, un Director de Twitter, y así con las demás redes sociales generalistas. Lo que está claro, que al margen de estas nuevas profesiones, ahora ya, tanto a un médico como a un abogado, o incluso a un arquitecto se le exige conocimientos de “actividad online”.

Las empresas se han dado cuenta de la oportunidad que les está brindando Internet para llegar a su público, y no quieren desaprovecharlo. Este es el motivo por el cual están buscando profesionales con un perfil 2.0, independientemente de la profesión. Porque en cada empresa se debe comunicar…, desde el CEO hasta el último empleado.

Capítulo 6

Los Social Media nos han ayudado a comunicarnos de manera más rápida y eficaz, pero también nos han recortado nuestro espacio personal.  Estas nuevas formas de comunicación han hecho que estemos más conectados, y que nos sintamos más cerca de aquellos que están lejos, pero también han reducido nuestra libertad. Hoy en día, las parejas viven obsesionadas con estos medios. En Facebook ya estoy cansado de ver “Tiene un relación con…” y a los pocos meses pasó a tener estado “soltera”. Y lo más gracioso es ver cómo han borrado todas sus fotos juntos del perfil. En Instagram es el lugar perfecto para colgar sus fotos de luna de miel. Sin embargo, muchas veces, las rupturas vienen ocasionadas por la desconfianza que generan estos Social Media o apps de mensajería. Sin ir más lejos, pongamos el ejemplo de Whatspp. “Llevo esperando más de media hora que me respondas. Te he enviado tres mensajes por Whatsapps y no me has contestado, y eso que estabas En Línea”. ¿Cuántas discusiones de pareja han venido, simplemente, por este motivo?  Y qué decir si alguna una vez has sido etiquetado en una foto de Facebook, en la que por nada del mundo hubieses querido aparecer.

Parejas que se cuentan la vida por Whatsapps y cuando se ven no saben qué contarse. Bueno sí, su pregunta es ¿sabes dónde podríamos encontrar un punto de Wi-fi? Nuestra obsesión por estar conectados está llegando a extremos impensables. Vivimos conectados todo el tiempo, sin descanso alguno.  Debido a los Social Media la pareja puede perder confianza en sí misma.

Capítulo 5

Las redes sociales perjudican la comunicacion familiar. Vivimos una época de cambio en las comunicaciones. En la mayoría de los casos, todos los miembros de una familia se han sumado a esta revolución digital adquiriendo nuevos conocimientos de interacción con los demás. La familia vive más integrada a través de los Social Media y diferentes apps de mensajería, pero, al mismo tiempo, más separada del contacto carnal.  Y si empezamos por los más pequeños de la casa vemos cómo han comenzado a manipular las tabletas de sus progenitores, adquiriendo una cultura “touch”. Esas mentes inocentes han nacido sumergidos en la cultura digital, y viviendo en primera persona este cambio. Los adolescentes se han desatado con este fenómeno digital y su mayor preocupación es estar conectados. No escuchan, sólo interactúan a través de la red con sus amigos y conocidos. Prefieren pasar horas junto a su smartphone que salir a pasar una entrañable jornada en familia. Los padres viven asustados ante esta ola digital que ya está causando irreversibles patologías entre los más jóvenes por su elevada dependencia del teléfono móvil. Los patrones de la familia también se han integrado en este cambio, buscando de cursos de formación para poder estar más cerca de sus hijos a la hora de entablar una conversación. No quieren ser vistos como “seres analfabetos”. Quieren entender el nuevo vocabulario de sus hijos, y sobrevivir a este tsunami. Y, por último, los más mayores de la casa, también están aportando su granito de arena a esta revolución digital. El whatsapp ha permitido un mayor contacto con sus nietos.

Las familias están viviendo un giro radical debido a este fenómeno digital. De hecho, en muchos casos, la familia ya no se reúne en torno a la mesa, sino más bien desde el smartphone. Hay familias que están ofuscadas por este hecho, dado que se está perdiendo el contacto humano. Tiempo atrás, una reunión familiar era el encuentro más esperado, pero ahora la distracción provocada por los teléfonos móviles hace que le quite interés y atención a ese entrañable momento. Nos despistamos con mucha facilidad, y no pensamos en el valor de lo que tenemos delante nuestro, sino que lo único que nos preocupa es el mundo digital. Los Social Media o apps de mensajería ayudan a acercar a los integrantes de la familia que están lejos, que residen en otro país. De hecho, a través de Skype muchas familias se conectan para seguir el día a día de los suyos. Esto ha llevado a muchos padres a aprender el funcionamiento de estas apps para poder comunicarse con sus hijos que están estudiando o trabajando en otro lugar.  Sin embargo, esta revolución digital ha hecho mucho daño en los teenagers quienes han sido absorbidos por estas nuevas herramientas de comunicación. No hay que sobrepasar la barrera, sino esto acarreará patologías en un futuro no muy lejano. De momento, ya han comenzado por sufrir una fuerte patología, la Nomofobia.  Hay que recuperar el acercamiento humano, los lazos de unión entre personas, palpar el mundo real de las cosas, y divisar con atención el mundo 2.0 sin caer en la dependencia. Las familias tienen que volver a vivir unidas por el contacto humano, y apoyarse en lo digital, pero no al revés. En muchos casos, la familia ya no se reúne en torno a la mesa, sino más bien desde del smartphone.

Capítulo 4

Las redes sociales han cambiado este mundo en el que vivimos, pero, si hay un campo que ha sufrido este cambio es el periodismo.  Años atrás cuando todavía no existían estos canales de comunicación, las personas nos dirigíamos a los medios de comunicación para consultar los hechos del día. Eran nuestra fuente de noticias, también para los mismos periodistas. Por aquel entonces, el periodista disponía de más tiempo para confeccionar la noticia. No existía el tsunami de los Social Media. Se vivía más pausado, con menos prisas, y con más atención a la hora de hacer las cosas. Se buscaba profundizar en cada uno de los aspectos de la noticia. Era una época placentera para el periodismo. Aquel periodista que llegaba el primero al lugar de los hechos se consagraba de por vida.

Sin embargo, las redes sociales han transformado el panorama mediático. La actualidad informativa pasa por un proceso en el cual el usuario es un creador, consumidor y distribuidor de contenidos, cuando antes tan sólo era un consumidor. Durante estos años, hemos pasado de un estructura vertical y unidireccional a un sistema horizontal, bidireccional e interactivo. Ahora ya no interesa tanto ser el primero, sino ser el más creíble. Debido a la gran cantidad de información que navega por Internet existen cada vez más un número mayor de rumores  (este tema será tratado más adelante con una entrevista a un experto en rumorología en Internet). Los periodistas tienen un mayor trabajo a la hora de contrastar las fuentes. Ahora es el momento de descubrir a los auténticos medios de comunicación y que queden retratados aquellos que simplemente llevan una máscara como disfraz. En Internet todo el mundo tiene voz y voto, de hecho, hemos pasado de una comunicación de masas a una autocomunicación de masas. Las redes sociales continúan enganchando cada vez a más personas, convirtiéndose en los medios de masas por excelencia.

Digamos que el periodista ha sufrido una pérdida de control y comprobación de ciertas informaciones publicadas por diversas fuentes con esta ola del Social Media. No nos debemos olvidar que Internet es una fuente permanente de consulta, pero que debemos contrastarlo siempre. Ya en los medios de comunicación (no sólo en las ediciones online) aparecen secciones y destacados que hacen referencia a los Social Media. Estas recogen los comentarios de usuarios que han realizado en Facebook o Twitter. Incluso hay programas de televisión en EE.UU que tratan los temas de TT en Twitter. El propio contenido que aparece en las redes sociales es la temática sobre la que gira el programa. De hecho, Twitter ha revolucionado el mundo de la información en Internet, porque ha pasado a ser para muchos la principal fuente de información. Somos cada vez más los que acudimos a esta red de microblogging para seguir un acontecimiento a nivel internacional o un suceso y/o catástrofe, e interactuamos al mismo tiempo con aquellas personas que lo están viviendo in situ.

Dado que el periodista acude a los Social Media para: conocer la opinión de la gente, detectar nuevos temas, buscar información nueva,atraer audiencia, difundir información del medio, contactar con fuentes y contrastar informaciones, entre otras; el periodista debe conocer de primera mano el funcionamiento de estas herramientas de comunicación. No puede dejar pasar el potencial de estos vehículos de comunicación. Hoy en día, ya no se concibe un periodista sin el manejo de los Social Media. Ahora el periodista debe ser también digital.

Capítulo 3

La verdad sea dicha: Estoy harto de oír hablar del número de followers. Si hace tan sólo unos cinco años atrás me hubieran dicho el alcance y dimensión que alcanzaría esta red de microblogging no me lo hubiese creído. Twitter nos ha regalado una comunicación mucho más fluida, breve y directa…es decir, nos ha acercado al teorema de la información: “Breve, Concisa, y Directa”, pero también ha activado una obsesión en muchos: la necesidad de estar conectados para ver cómo incrementa el número de followers en nuestro perfil. Esta obsesión, en algunos casos, se convierte en un pronunciamento del Ego de uno mismo, de la prepotencia, y del descaro hacia otros. Y no sólo del número de followers, sino también de la cantidad de interacciones que podrucimos al día con nuestros followers.

De verdad, parece que si no tienes más de 10.000 followers en Twitter o más de 2.000 amigos en Facebook no eres nadie, que quedas infravalorado, que no cuentas en la Red. De hecho, un sinfín de empresas invierten un elevado porcentaje de sus presupuestos en campañas para incrementar el número de sus followers, sin conocer nada de esa persona, sin prestarle atención y, mucho menos, sin llevar a cabo un acción de engagement con sus followers. ¿Sólo nos importa el número? ¿Dónde queda la esencia de la red social?

Desde que comencé en esto del marketing online, allá por el 2006, he estado animando a unos y otros que se lancen a crear su propia marca personal en la Red. Ahora, mi segundo paso es analizar los comportamientos de estos a los que animé en su día. Muchos de ellos, se han convertido en unos auténticos “monstruos digitales”, que no pueden vivir sin batería o wifi en su smartphone. La industria del smartphone ha creado seres adictivos a la comunicación. La Nomofobia es uno de los miedos del siglo XXI, pero en poco tiempo se convertirá en una patología que sufrirán muchos seres humanos. En unos años, los psicólogos saldrán beneficiados de esta revolución digital.

Hace unos años, todos éramos iguales dentro y fuera de la Red. Simplemente, éramos nosotros mismos, sin obsesiones, y sin perder la cabeza por estar o no conectados, por tener o no amigos en Facebook, por conseguir 100 o 1.000 followers en Twitter, sin complicaciones algunas…Creo que ha llegado el momento de replantearse todo esto y reflexionar. Además, para mi gusto, un gran comunicador es aquel que mantiene su firma en la sombra. Si no estamos atentos podemos llegar a perder el control. El ser humano todavía es “humano”, que no se nos olvide, por mucha revolución digital que estemos viviendo. Y recordad que lo más importante es el contenido, no la cantidad…

Capítulo 2

Es levantarse de la cama y comenzar a mirar el smartphone. Incluso antes de ir a lavarnos la cara. Vivimos el instante, dentro de cinco minutos ya es tarde para nosotros. En ese primero instante, nos damos cuenta que tenemos más de 50 notificaciones nuevas en Whatsapp. Alguien nos ha estado escribiendo y nosotros no estábamos conectados. ¡Qué horror! Le hemos tenido toda la tarde-noche sin responder. Qué habrá pensado!

Whatsapp es una aplicación que nos permite acercar a aquellos que están más lejos de nosotros, pero, al mismo tiempo, nos aleja a los que están más cerca. Cuántas veces habéis quedado con vuestros amigos o conocidos para tomar algo, y ese encuentro se ha visto interrumpido por un nuevo mensaje de Whatsapp en tu celular. Por un momento, desconectamos de nuestra vida real para sumergirnos en nuestra vida digital. Cuando conseguimos tener delante de nosotros a la persona que llevamos mucho tiempo sin ver, la conversación muere en seguida porque ya nos hemos contado todo días atrás por Whatsapp. Nos quedamos mirándonos cara a cara sin saber qué tema sacar a relucir, porque ya está todo hablado.

Esa sensación de seres antisociales se está incrementando poco a poco. De hecho, el otro día yendo en el metro a una persona mayor se le había caído el paraguas, pero nadie se apercató de ello, dado que todos estaban atentos a su teléfono móvil. Al final, una persona del vagón contiguo fue quien se levantó y recogió el paraguas de la señora. Tiempo atrás surgían conversaciones de imprevisto. Cuando ibas en el autobús o, incluso, cuando estabas esperando tu turno en la pescadería. Ahora, utilizamos cualquier momento de tiempo muerto para centrar nuestra atención en el móvil sin preocuparnos de lo que está sucediendo alrededor nuestro. ¿Puede ser que estemos dejando de vivir el presente, de disfrutar los auténticos placeres de la vida? Hemos perdido un importante porcentaje de contacto humano. Cuando salimos de viaje, parece que lo único que nos preocupe sea encontrar un lugar donde conseguir una línea de wifi para subir las fotos del viaje y compartirlas con nuestros amigos de Facebook, e incluso adelantar a nuestros amigos vía Whatsapp las maravillas que hemos visto en tal ciudad.

De hecho, hay momentos especiales, únicos e irrepetibles que vivimos cada día, y que ya preferimos guardarlos en nuestras cámaras del móvil o tablet, antes que presenciarlos con nuestros propios ojos y memorizarlos a través de nuestra retina para siempre. El tiempo corre deprisa, pero nosotros le hemos puesto una marcha más. Si me permitís os daré un consejo para cuando quedéis con alguien a tomar algo. Poner el móvil en silencio y darle la vuelta para que no podáis ver cuando os llega un nuevo mensaje. Cuando os despidáis de esa persona, coger el móvil y comenzar a responder esos mensajes. Vivir cada momento aprovechando los placeres de la vida real. Y pensad, que siempre os quedará tiempo muerto para la vida digital. Al día miramos nuestro móvil más de 100 veces para ver si tenemos nuevas notificaciones en nuestras redes sociales, pero cuántas veces nos paramos a pensar en cuál es nuestro destino y por qué nos dirigimos a él.

Capítulo 1

Todavía recuerdo años atrás cuando era la televisión quien guiaba mi agenda nocturna. Siempre estaba atento a aquellas series o programas que se emitían al final del día a través de la caja de colores. Veíamos la televisión para que al día siguiente en el Instituto pudiésemos comentar “la jugada” con nuestros compañeros. Digamos que era una forma de llegar a ser social. Si habías visto el último capítulo de la serie tenías argumentos para entrar en la conversación que se abría durante el tiempo de recreo. Aquel que no hubiese visto la película no tenía nada que aportar y, en parte, quedaba excluído.

Años más tarde, en nuestros primeros cursos de Universidad, ya llegábamos a clase con la jugada comentada. Es decir, aprovechábamos el efecto Messenger para ver la televisión al tiempo que compartíamos con nuestros contactos más directos lo que estaba sucediendo en la gran pantalla. En muchas ocasiones, recuerdo que teníamos la televisión con el nivel elevado y escuchando de fondo, mientras seguíamos comentándolo con nuestros amigos vía Messenger.

Y llegó Twitter y todo cambió. Murió el Messenger, y la televisión pasó a ser segundo plato. Ahora es Twitter quien nos guía nuestro camino. Es verdad, que seguramente pasamos más horas con la televisión encendida, pero el interés se centra en la red de microblogging. El debate comienza allí, con tus followers y los demás usuarios que están siguiendo esa serie o película a través de Twitter. La televisión sigue encendida, pero la actividad está en Twitter, que es lo que ahora importa. En mi caso, concretamente, la realidad todavía es mayor. Llevo tres años sin ver la televisión (algo de lo que me siento muy orgulloso), pero en Twitter puedo llegar a imaginarme las escenas siguiendo los tweets de los usuarios. Una de las mayores catástrofes ocurridas este año 2013 en España (el accidente de tren en Santiago donde 79 personas perdieron la vida) lo viví a través de Twitter como si estuviera allí presente.

Considero que nuestro mayor interés no es escuchar, sino sentirnos escuchados. En Twitter se nos escucha, podemos opinar libremente, y además podemos interactuar con los demás usuarios, mientras que con la televisión sólo podemos escuchar. Es verdad, que muchos programas y series al darse cuenta de este detalle permitieron a los telespectadores interactuar a través de la pantalla mediante los denominados #hashtags. Ahora la conversación está en Twitter, y ser social se consigue a través de las redes sociales y tu influencia en ellas. Como, por ejemplo, a través de Klout que mide tu engagement e influencia en Twitter y Facebook.

Verdaderamente, hemos cambiado nuestros hábitos de conexión durante los últimos años. También, quiero hacer una mención especial a la radio. Cuando éramos pequeños siempre teníamos de fondo alguna emisora de radio musical, proporcionándole un mayor índice de audiencia. Sin embargo, ¿ahora cuál es la realidad? Estamos trabajando pero escuchamos la música online. A través de la una emisora digital o mediante aplicaciones como Spotify o Last.fm. Cada vez son menos las casas que cuentan con una radio en su salón principal. Hemos ido anulando estos dispositivos. Ahora, todo se concentra en nuestro smartphone o computer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s